¡Chao guías ambientales!

  • Por Ezio Costa, director ejecutivo de ONG FIMA. 

En estas semanas de desastres ambientales producidos por el fenómeno del Niño y potenciados por la crisis climática, se han viralizado varias declaraciones del presidente Kast en su época de candidato, en las que denosta la regulación ambiental de diversas formas. Particularmente popular ha sido el audio en que, con sorna, desprecia las guías ambientales señalando que ellas serían un ejercicio que recoge los gustos ideológicos de los funcionarios de turno y que por lo tanto deberíamos deshacernos de ellas.

Es evidente que su desprecio por la regulación ambiental resulta irónico en un momento en que la falta de acciones públicas efectivas deriva en daños a las personas y sus bienes. Y así, los videos de casas inundándose, buses arrastrados por la corriente y barro arrastrando personas por las calles, junto a la voz del presidente de fondo, son una forma mínima de protesta en redes sociales.

Sin embargo, en algo tiene razón el presidente, y como ha sucedido también en otros temas, llega a las conclusiones correctas con un proceso lógico equivocado. Las guías ambientales son una forma de regulación jerárquicamente muy inferior y de cortísimo alcance. No son suficientes para proteger el ambiente, sino un instrumento administrativo del jefe de servicio, un instructivo, una orden en torno a cómo llevar a cabo una determinada acción, en este caso de evaluación ambiental.

Adicionalmente, las guías tienen la debilidad de que pueden ser modificadas por la presión económica o ideológica del gobierno de turno, por lo que por muy bien hechas en términos técnicos que estén en un momento, desde que el palacio es habitado por una persona que prefiere seguir su ideología que mirar la realidad, corremos un importante riesgo.

Pero no son sólo las guías ambientales las que tienen este problema, lo mismo sucede con algunos reglamentos. Y viendo esto, es verdad que deberíamos poner menos confianza en las guías y otros instrumentos de segundo o tercer orden, pues nuestra vida y la integridad del territorio que habitamos no debería depender tan fuertemente de que las autoridades administrativas sean razonables, menos aún en un momento en que llamar la atención parece más importante que hacer las cosas bien y que los procesos políticos están siendo afectados de manera ilegítima por plataformas digitales controladas por un grupo de multimillonarios.

La arbitrariedad de los gobiernos y sus intenciones de favorecer a algunas industrias en desmedro de la seguridad ambiental de las personas ya son posibles de ver en varias iniciativas sin sustento técnico ni beneficios públicos de largo plazo. Entre ellas, quizás las más importantes son los cambios al reglamento del SEIA.

Ya el gobierno pasado terminó su periodo haciendo este tipo de modificaciones y elevó de manera sustancial la exigencia para la reserva de hidrocarburos líquidos o gaseosos, pasando el límite de ingreso obligatorio a la evaluación de 200.000 a 850.000 litros. Eso, con el declarado interés de favorecer a la industria tecnológica, cuyos Data Center ya no siempre requerirán evaluación ambiental.

Sin ningún sustento técnico que acompañe a estas modificaciones, ahora el Ministerio de Medio Ambiente quiere volver a modificar el reglamento en cuestión, buscando multiplicar por ocho el umbral de ingreso para faenas de extracción minera, de tal forma que la exigencia de capacidad extractiva para someterse al SEIA pasaría de 5.000 a 40.000 toneladas cada mes, librando de todo examen ambiental a un amplio sector de la mediana minería que operen bajo ese tope.

De la misma forma, pretende favorecer a la industria inmobiliaria flexibilizando las exigencias relativas a los desarrollos urbanísticos en áreas resguardadas por planes de descontaminación, sustituyendo la regla que ordena evaluar proyectos con superficie de 7 hectáreas o 300 soluciones habitacionales, más que duplicando dicho límite, permitiendo eximir de la evaluación de impacto ambiental a megaproyectos de hasta 14 hectáreas o 700 viviendas en aquellas comunas o zonas saturadas que dispongan de un instrumento de descontaminación atmosférica vigente, bastando para ello la sola aprobación de un plan para compensar emisiones.

¿Pueden las autoridades administrativas modificar normas para favorecer a algunas industrias? ¿Cómo nos cercioramos que no hay captura en esas modificaciones? ¿Cómo nos cercioramos que haya un sustento técnico adecuado y no se tuerzan los objetivos de la ley?

Que no exista evaluación ambiental no solo significa que no haya una previsión efectiva de los riesgos ambientales y que por lo tanto estos aumenten, sino que significa quitar responsabilidades importantes a las empresas que desarrollan estos proyectos, tanto desde el punto de vista de su eventual responsabilidad en el caso de ocurrencia de desastres ambientales, como desde las medidas voluntarias con las que compensan sus impactos, y que terminan siendo claves para el desarrollo de los territorios, en un entramado normativo que ha preferido esa acción directa de compensación antes que generar mayores obligaciones para las empresas.

Y todavía falta lo peor, pues se vienen los reglamentos de la ley de Permisología (Ley N° 21.770, «Marco de Autorizaciones Sectoriales») que autoriza a los diversos organismos administrativos a reducir sus exigencias en materia de autorizaciones, sustituyéndolas por declaraciones juradas y otras técnicas regulatorias de menor entidad. Un regalito de bienvenida que la administración de Boric dejó al gobierno de Kast.

Así, nuevamente se pondrá a prueba la institucionalidad del país y también las palabras del presidente. Si él quería deshacerse de las guías ambientales caprichosas, ahora es su turno para asegurarse de que las nuevas normas administrativas sean un reflejo sólido de la realidad material y los elementos técnico científicos. Por ahora, vamos mal. Más que decirle chao al asunto, el presidente y su gobierno han encontrado en este tipo de regulaciones una manera de favorecer a sus cercanos y darse gustos ideológicos.

Publicada en El Desconcierto – 18/10/26

Motosierra a la regulación ambiental de Chile: Más de 80 organizaciones solicitan al presidente Boric quitar urgencia legislativa al Proyecto de Ley de Permisos Sectoriales

En una declaración pública, las organizaciones firmantes hacen un llamado a generar espacios de diálogo en el que las voces de la sociedad civil y expertos sean escuchadas para evitar la grave desregulación que implicaría la aprobación de esta iniciativa.

 

Actualmente se encuentra en segundo trámite constitucional en el senado el proyecto de Ley de Permisos Sectoriales, el cual es parte del paquete normativo compuesto también por la reforma a la institucionalidad ambiental y la ley de administración del borde costero y concesiones marítimas, las cuales buscan flexibilizar la aprobación de proyectos en pos de la inversión. Estos intentos regulatorios, son visto con gran preocupación por un amplio espectro de Organizaciones de la Sociedad Civil, quienes identifican que se trataría de una verdadera motosierra a los estándares construídos durante los últimos 20 años para la regulación de aquellas actividades que pueden tener un impacto negativo en nuestro medio ambiente, y por lo tanto en la vida de las y los habitantes de nuestro país.

Para Diego Luna Quevedo, Especialista en Política y Gobernanza de Manomet Conservation Sciences, “si bien existe cierto consenso sobre la necesidad de mejoras hacia una institucionalidad moderna, que dinamice procesos e interoperatividad, la agenda pro-inversión que el Gobierno está impulsando a nivel legislativo y territorial, está tomando una senda que va en contra de los principios preventivo y precautorio, vulnerando así el principio de no regresión necesario para el resguardo socioambiental en un escenario de crisis ecológica”.

En la declaración, las organizaciones identifican serios retrocesos en las normas del código de aguas, sanitario y reformas a las normas de la administración del Estado que crearían una suprainstitucionalidad denominada “Oficina de Autorizaciones Sectoriales e Inversión” que quitaría las atribuciones de resguardo del medio ambiente a los Ministerios sectoriales.

“El proyecto de Ley además de cambios al Código, Sanitario, Código de Aguas y Código Minero, establece severas reformas a las normas y procedimientos de la Administración del Estado, que limita y expropia a los Ministerios sectoriales las atribuciones de resguardo de la salud de la población y el patrimonio ambiental del país”, explica Sara Larraín, Directora Ejecutiva de Chile Sustentable. “Como si esto fuera poco, crea una «Oficina» que controlará la aplicación de la ley vigente y la formulación de las nuevas regulaciones sectoriales», agrega.

Además, acusan que se trataría de una negociación llevada a cabo por los ministros Grau y Marcel para subsanar el grave fracaso de la reforma tributaria, generando un “pacto fiscal” entre el gobierno y empresarios, en el cual se ha excluido las voces de expertos y la ciudadanía organizada.

Por su parte, Pamela Poo, politóloga y directora de Políticas Públicas e Incidencia en Fundación Ecosur indica, “El proyecto de permisos sectoriales, como el de reforma al SEIA, perdieron el rumbo en su tramitación, lamentablemente relajan lo que hoy existe, lo cual es muy peligroso, debido a que el estado no cuenta con los recursos para fiscalizar bien o con la cantidad de funcionarios necesarios en los servicios para que lo que prometen dichos proyectos se cumpla. Por último, de salir como están, probablemente lo que veremos es que aumentará la conflictividad ambiental en donde se pretenden emplazar las inversiones”.