Tres ranitas, dos Araucarias y un Spa para las chinchillas

  • Por Ezio Costa, director ejecutivo de ONG FIMA. 

El Environmental Performance Index es un instrumento creado por la Universidad de Yale y que evalúa una serie de variables ambientales de los países, estableciendo un ranking para cada una de ellas. Chile tiene una posición mediana a nivel mundial (41 de 180), siendo destacado en América Latina, pero muestra mucha disparidad en sus evaluaciones según variable, teniendo algunos áreas de alto puntaje, como el agua potable urbana, y otras de muy mal desempeño, como en calidad de aire, contaminación por la agroindustria y protección de especies.

En este último aspecto, especialmente complejas son la posiciones en «índice de lista roja» (149 de 180) y protección de especies terrestres (135 de 180). La primera variable refiere a la protección frente al riesgo de extinción y la segunda a la adecuación entre las áreas protegidas y el rango de distribución de las especies terrestres. La distancia entre la posición general y la que tenemos en estas variables en específico merece un análisis desde diversas perspectivas.

Es cierto que hay un problema de instrumentos normativos y de gestión. Ya en 2005 la evaluación de desempeño de la OCDE nos advertía con nuestras falencias en esta materia, y luego de más de una década de discusión, recién tenemos un Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, que no ha logrado completar su implementación.

Hasta hoy, buena parte de lo que hoy regula la relación entre las personas y la fauna silvestre depende de acuerdos internacionales y se sigue ordenado en torno a leyes desactualizadas, como la ley de caza y la torcida aplicación de las autorizaciones de captura con fines supuestamente científicos. Pero reducir el problema a estas ausencias normativas es quedarse corto. Chile podría llenar cada uno de esos vacíos legales y seguir tomando, en la práctica, las mismas decisiones que hoy explican el mal desempeño.

Porque el problema no es solo la falta de reglas específicamente aplicables a las especies, sino el lugar que ocupa la protección de especies cuando esas reglas existen y hay que aplicarlas frente a otro interés en juego. Ahí es donde se nota que la protección de especies no está a la altura del resto de las prioridades ambientales del país y basta con mirar cuántas veces se autoriza una intervención sobre el hábitat de una especie con el argumento de que el beneficio económico (no calculado) de cualquier proyecto es más importante que el hábitat de esa especie (cualquiera que sea). Esa lógica traslada la protección de biodiversidad al umbral de la extinción, y deja fuera exactamente lo que un sistema de protección de especies debería cubrir antes de llegar a ese punto.

La obligación de proteger especies tampoco puede agotarse en las gestiones de un servicio público, sino que es una obligación transversal. La pregunta que vale la pena hacerse frente a cada proyecto es si existe un umbral mínimo de protección que el Estado está dispuesto a exigir con independencia de quién lo pida y de qué tan rentable sea la actividad. En el mismo sentido, escuchar a quienes conocen el estado real de esas poblaciones, los especialistas que llevan años monitoreando en terreno, debiera ser parte estructural de esa decisión.

Pero se vuelve muy complejo que los organismos públicos tomen seriamente sus obligaciones en este respecto cuando tanto las élites económicas como los representantes del gobierno hacen gala de su desprecio hacia la biodiversidad en cada oportunidad que tienen. En un uso falaz de las obligaciones de protección de la biodiversidad, se le suele apuntar como un obstáculo y usar como elemento discursivo para denostar la evaluación ambiental. Así, tristemente algunas especies como naranjillos, araucarias, ranitas, pinguinos, arañas y chinchillas, que no han hecho nada más que existir y con ello contribuir a los ciclos de la naturaleza, se han convertido de repente en blanco de discursos de odio por parte de personas en posiciones de poder.

Lo extraño es que esto no parece ser parte de la cultura nacional, que en general valora de manera muy positiva a las especies y que incluso se llena de orgullo con ellas, en elementos como el himno, el escudo y una serie de menciones en el saber popular. Quizás estos discursos, por tanto, sea un efecto de la crispación política general, pues al igual como sucede en otras áreas, el direccionamiento de la frustración de una parte de la población hacia blancos débiles como son las especies vegetales y animales, funciona como un discurso fácil y de aparente eficacia política, pero que termina dañando al país.

¿Es posible concebir a Chile sin su biodiversidad? Aprovechando las fiestas patrias, me parece un buen momento para hacer un llamado a la reflexión sobre el trato que damos a las especies no humanas en el territorio nacional y a retomar nuestra tradición de valorarlas positivamente. Quizás con un poco más de calma discursiva y completando la implementación de la normativa pendiente, podamos algún día decir con orgullo que somos un asilo, no sólo contra la opresión, sino también contra la extinción.

Publicada en El Desconcierto – 15/09/26

Hoy se lanza «Alianza Humboldt» en oposición a proyectos Dominga y Cruz Grande

  • Alianza Humboldt es el nombre de la nueva agrupación que reúne a organismos nacionales e internacionales.
  • Anuncio se produce ad-portas de los alegatos que se llevarían a cabo mañana en la Corte Suprema por caso Dominga.

Santiago 26 de febrero, 2019. A través de la web www.alianzahumboldt.cl, 17 agrupaciones anuncian la creación de este nuevo conglomerado, cuyo objetivo será defender el ecosistema de las comunas de La Higuera y Freirina de la amenaza que representan los megaproyectos Minera Dominga de Andes Iron y Puerto Cruz Grande de CAP Minería. En el mismo sitio se presenta la declaración de principios de la agrupación, donde afirman que defenderán hasta las últimas consecuencias la valiosa zona, caracterizada por su alto endemismo en tierra y por albergar una rica biodiversidad marina en el conjunto de islas e islotes ubicados en la costa, conocido como Archipiélago de Humboldt.

La Alianza está formada por las organizaciones internacionales y nacionales Oceana, Greenpeace, Sea Shepherd, Chao Pescao, Fundación Terram, Chile Sustentable, FIMA, Geute, Ecosistemas, Ayni, Chinchimén, Fundación Relaves, Panthalassa y Codesa, junto a agrupaciones de la zona en conflicto coordinadas a través de Alianza Humboldt Coquimbo-Atacama, y de la cual ya son parte Defensa Ambiental IV Región, MODEMA y Sphenisco junto a otras 35 asociaciones regionales.

La declaración señala que “urge proteger de manera definitiva estos ecosistemas, que han sido identificados por la ciencia como prioritarios para la conservación y que sus propios habitantes han debido defender una y otra vez”, recordando que en el pasado estas comunidades ya habían hecho frente a la instalación de tres centrales termoeléctricas a carbón en el renombrado caso Barrancones, que, gracias a una inédita presión popular, culminó en la cancelación de dichos proyectos.

Desde la Alianza Humboldt anuncian que utilizarán “todas las vías institucionales disponibles, tanto a nivel nacional como internacional para proteger este hotspot de biodiversidad”, para revertir el irregular proceso de evaluación ambiental de Dominga y Cruz Grande, los cuales no presentaron información mínima que permitiera evaluar los impactos ambientales, ni tampoco consideraron el sinnúmero de estudios científicos que demuestran el alto valor ecológico de esta zona, tanto en la costa como en el interior.

Por otro lado, la agrupación destaca la importancia de preservar las actividades económicas sustentables del lugar como la pesca artesanal y el turismo, las cuales, de construirse ambos proyectos, estarían en peligro. Solo la comuna de La Higuera aporta el 80% del desembarque de locos y lapas de toda la región de Coquimbo, recursos que los pescadores artesanales administran desde áreas de manejo para asegurar la sustentabilidad, mientras que cada año son miles de turistas chilenos y extranjeros que visitan la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt para avistar gran cantidad de ballenas, delfines, aves marinas y peces que abundan en esta área.

Finalmente, Alianza Humboldt hace un llamado al Estado de Chile a cumplir con sus compromisos internacionales en materia de conservación. En 2010, el país se comprometió en la 10ª reunión de la Conferencia de las Partes, realizada en Japón, a proteger el 10% de las zonas marinas y costeras ecológicamente representativas al año 2020. Al día de hoy, apenas un 0,02% de la superficie marina de Chile central, que abarca desde Antofagasta a Valparaíso, se encuentra protegida, “por lo que se hace urgente que el país avance en el cumplimiento de estos tratados internacionales”, señalan.

Recordemos que el proyecto minero portuario Dominga fue rechazado tanto por la Comisión de Evaluación Ambiental de Coquimbo como por el Comité de Ministros en 2017, por lo que Andes Iron, titular del proyecto, apeló ante el Tribunal Ambiental de Antofagasta. Esta instancia anuló el rechazo y determinó que Dominga se volviese a votar en la región de Coquimbo, frente a lo cual diversas organizaciones ambientales y locales apelaron ante la Corte Suprema, buscando que se mantenga el rechazo. En los próximos días, el máximo tribunal escuchará los alegatos de las partes, para en los meses posteriores, dictar una sentencia definitiva.

El proyecto de CAP, por su parte, fue aprobado a pesar de la oposición local y de la presentación de recursos judiciales, pero aún no ha iniciado obras.

➜ CARTA ABIERTA DE ORGANIZACIONES CIVILES EN DEFENSA DEL ARCHIPIÉLAGO DE HUMBOLDT